Una obra cumbre de la pintura: La Capilla Sixtina
Esta semana os presento la que es para muchos, la obra cumbre de la pintura, los frescos de la Capilla Sixtina, pintada, en el siglo XVI por Miguel Angel.

Pintada entre 1508 y 1512, sin ayuda alguna, por encargo del papa Julio II, tenía 37 años cuando la terminó. Esta bóveda mide 36 metros de longitud por 13 de anchura. Simuló diez arcos fajones que le permitieron dividir la bóveda, de cañón rebajado, en nueve tramos sucesivos atravesados por dos falsas cornisas que producen la partición en tres registros. Aloja nueve historias del Génesis, que van desde la Separación de la luz y las tinieblas, sobre el altar, a la Embriaguez de Noé, aunque las pintó en sentido inverso, pues comenzó sobre la puerta de entrada.
Para evitar la monotonía, hizo alternar los rectángulos centrales en dos medidas o escalas distintas; los cuatro de menor escala están flanqueados por los sedentes Ignudi, emparentados con los esclavos esculpidos después para la tumba de Julio II.
Los Ignudi sostienen diez gigantescos medallones de bronce que representan escenas del Antiguo Testamento y sirven de complemento a las narradas en los paneles principales. La función de los ignudi no queda clara, aunque son un elemento crucial en el concepto global de la obra y representan la concepción renacentista del hombre como medida de todas las cosas. Las hojas y bellotas de roble que sostiene un ignudo aluden a la familia Della Rovere, a la que pertenecía el propio papa Julio II, en cuyo escudo de armas aparece el roble. También el árbol del Bien y del Mal en la escena de La caída es un roble.
Entre los lunetos sitúa las figuras a mayor escala de los siete Profetas bíblicos y las cinco Sibilas, anticipadoras de la venida de Cristo y nexo de los antepasados de Jesús que incluye en el interior de los tímpanos.
Cuatro relatos bíblicos se despliegan en las cuatro pechinas o vele de la bóveda, glosando momentos de la lucha de Israel por la libertad, desde David y Goliat o Judit hasta la serpiente de bronce y el castigo de Amán.
Se considera el conjunto pictórico de la Capilla Sixtina como la culminación de su ideal universalista, en la que todos los elementos figurativos están integrados en una síntesis de las tres artes mayores y representados, desde la creación de la Humanidad hasta la visión escatológica del Juicio final, según la más pura concepción de la técnica florentina y del monumentalismo romano.
Esta bóveda reúne toda la Historia de la Salvación a través de episodios significativos del Antiguo Testamento.
Como novedades remarcamos: la novedad y grandiosidad del conjunto, el completo estudio de la figura humana en anatomía y expresión, la variedad y sabiduría compositivas, el dominio virtuosista de la perspectiva, la potencia el dibujo, el encuadre y simulación arquitectónicos de total atrevimiento que confiere por su especial disposición una especial tensión y dramatismo de lo colosal, que envuelve al espectador y lo incluye en el dinamismo de las fuerzas desencadenadas. Es un verdadero y deslumbrante canto al cuerpo desnudo.
El Juicio Final, encargado por Clemente VII en 1534 y confirmado por Paulo III en 1535, fue comenzado en 1536 y terminado en 1541. Se proyectó para cubrir la pared del fondo de la Capilla hasta el arranque de la bóveda, para lo que se tuvo que suprimir un par de ventanas, así como varias pinturas de Perugino.
Lo integran unas 400 figuras, concebidas como una composición unitaria, carente de compartimentaciones arquitectónicas y dividiéndola en cuatro registros horizontales de figuras. Los dos superiores están dedicados al mundo celestial, mientras que los dos inferiores al terrenal y al infierno. Los lunetos superiores muestran a los ángeles con los instrumentos de la Pasión, casi como invocando venganza.
En el centro, la figura de Cristo-juez, destacado plástica y visualmente como una figura atlética, vigorosa e iluminada. A su derecha, la Virgen y los desnudos apóstoles y patriarcas A sus pies, las figuras de san Lorenzo y san Bartolomé, porque a ellas, además de a la Asunción, se dedicó la Sixtina.
En un segundo friso, cuerpos desnudos de elegidos que ascienden y réprobos que bajan como suspendidos en un tapiz plano que renuncia a la profundidad. En la piel del desollado Bartolomé, un angustiado autorretrato de Miguel Angel, como queriendo indicar que no era digno de estar en presencia de Cristo.
En el espacio central del registro inferior se halla el grupo de ángeles tocando las trompetas para despertar a los muertos, mientras dos de ellos sostienen el pequeño Libro de la Vida y el gran Libro de la Muerte, como describe el Apocalipsis (20, 12)
Abajo, las tumbas entreabiertas que hacen brotar los cuerpos reencarnados y la laguna Estigia con la barca funeral de Caronte, escena quizás inspirada en La Divina Comedia de Dante (III, 109-111); algunos condenados luchan en vano para huir de los diablos, y otros se lanzan desesperados al remolino. En el centro del registro inferior, y en contraposición al eje en que se halla la figura de Cristo, se representa la boca del Infierno.
En el Juicio Final se ensayan todas las posibilidades de movimiento, actitud, escorzo y agrupación de la figura humana.
En la composición se valoran igualmente los espacios vacíos y las masas que se presentan con independencia, aunque con un ritmo y un sentido no clásico de la perspectiva. Las figuras experimentan un aumento de escala a medida que se hallan en los registros superiores. El grupo central tiene una escala mayor que el superior y que los grupos laterales de este mismo registro. Establece, pues, una alteración de la perspectiva en función de la jerarquía y del significado de las figuras, rompiendo así la sensación planimétrica de la composición y el efecto de horizontalidad que podrían producir los distintos registros. El efecto final es el de una composición plasmada sobre una superficie convexa.
El gesto de Cristo pone en movimiento irresistible el conjunto tumultuoso. La perfección clásica y el equilibrio del techo dan paso aquí a un desbordamiento dramático y a una violencia pesimista, que puede considerarse ya manierista, por su desprecio de la claridad y su complacencia en lo caprichoso; las figuras se retuerzan sobre sí mismas, y para sostener sus masas en un espacio vacío, Miguel Angel desarrolla, dentro de las mismas masas, una fuerza de empuje que las sustrae a la inercia, y asocia después todos estos movimientos en un ritmo único que reúne en un torbellino rotante las caídas y los empujes. A la izquierda todo es ascenso fatigoso, a la derecha descenso frenado, pero el giro es continuo en torno al espacio vacío del centro.
En el abandono de toda referencia al platonismo, en la presencia dominante de Cristo-juez como eje de la composición, y en la idea de la muerte como momento de rendición de cuentas y no como triunfo, culmina la crisis de todo tipo de concordatio. Se había producido ya el saco de Roma, acaecido el 1527, los principios de la Reforma estaban arraigando y se notaba la repercusión de la Contrarreforma en los programas y concepciones del arte religioso.
Es la actitud juzgadora de Cristo y las actitudes dramáticas de condenados y salvados la que protagoniza esta composición formalmente aperspectiva y aespacial. Se trata de la crisis final de la representación, tanto de la figura como de la idea de la Historia y del entusiasmo por la Antigüedad.
La tesis conceptual es la identidad entre autoridad y justicia.
El motivo dominante es el destino de la humanidad, el desenlace de la historia. Dios juez, desnudo, atlético, sin ninguno de los atributos tradicionales de Cristo, es la imagen de la suprema justicia.
Rompiendo con la tradición iconográfica, concibe la composición como una masa de figuras que rotan en torno a Cristo, cuya figura emerge en un limbo de luz.
Entre Dios y la Humanidad hay una tensión inevitable: la humanidad no es pequeña y humilde, sino gigantesca y heroica, casi soberbia, tanto en la culpa como en la pena.
Hasta la decada de 1980 la Capilla Sixitina fue elogiada sobretodo por su denisdad y variedad de repertorio figurativo. Pero tras la limpieza se han podido admirar los dominios dle color por parte de Miguel Ángel dando una nueva impresión. Los tonos brillantes los "cangianti" (tonos cambiantes) y las yuxtaposiciones del color equivalen a la polifonía sonora. Con la luz natural del dia lso colores de la bóveda son profundos y resonantes, formas majestuosas y tridimensionales. La Capilla Sixtina es un compendio del arte de Miguel Ángel, el Renacimiento y la teología cristiana. Es una obra de genio que por mucho que se contemple jamás deja de admirar. Y para cerrar me quedo con una frase que pronunció Goethe: "Hasta que no has visto la Capilla Sixtina no puedes tener idea adecuada de lo que el hombre es capaz de hacer".
Literatura hispanoamericana: Eduardo Galeano
Esta semana os presento a otro de mis autores preferidos. Se trata de Eduardo Galeano. Este uruguayo me encandiló con su libro "Amares" y es el autor del famoso "libro de los abrazos", desde entonces le sigo muy de cerca.
Biografía:
 Eduardo Germán Hughes Galeano, nace en Montevideo el 3 de septiembre de 1940. En él conviven el periodismo, el ensayo y la narrativa, siendo ante todo un cronista de su tiempo, certero y valiente, que ha retratado con agudeza la sociedad contemporánea, penetrando en sus lacras y en sus fantasmas cotidianos. Lo periodístico vertebra su obra de manera prioritaria. De tal modo que no es posible escindir su labor literaria de su faceta como periodista comprometido. A los 14 años entró en el mundo del periodismo, publicando dibujos que firmaba "Gius", por la dificultosa pronunciación castellana de su primer apellido. Algún tiempo después empezó a publicar artículos. Se firmó Galeano y así se le conoce. Ha hecho de todo: fue mensajero y dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de América.
En sus inicios fue redactor jefe de la prestigiosa revista Marcha (1960-64), publicación que durante décadas dio cobijo a las voces más interesantes de las letras uruguayas y que terminó siendo silenciada en 1974 por la dictadura. En el año 1964 Galeano es director del diario Época. En 1973 Galeano tuvo que exiliarse a Argentina en donde funda y dirige una revista literaria titulada Crisis, en la que también destaca la labor del poeta Juan Gelman. En 1975 se instala en España, encontrando un país que estaba a punto de dar un salto histórico cualitativo, con el octogenario dictador como sombra de sí mismo. Reside en Calella, al norte de Barcelona. Publica en revistas españolas y colabora con una radio alemana y un canal de televisión mexicano.
Sus primeros escritos son reportajes de corte político en los que la realidad aparece continuamente golpeada por las circunstancias. Tanto el reportaje titulado "China" (1964) como "Crónica de un desafío", del mismo año, o "Guatemala, un país ocupado" (1967) reflejan una escritura de urgencia, de denuncia, que retrata la cotidianeidad de unos tiempos difíciles con una escritura situada siempre en primera línea de los hechos que vertebran el presente. Con "Las venas abiertas de América latina" (1971), explicativo título, logró su obra más popular y citada, condenando la opresión de un continente a través de páginas brutalmente esclarecedoras que se sumergen en la amargura creciente y endémica de América Latina. Esta obra ha sido traducida a dieciocho idiomas y mereció encendidos elogios desde diversos sectores. El escritor alemán Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura en 1972 y autor de "Opiniones de un payaso", obra clave de la literatura contemporánea, llegó a decir a propósito de la obra de Galeano que pocas obras en los últimos tiempos le habían conmovido tanto.
Junto al Galeano periodista empieza a aparecer el Galeano narrador que prolonga en sus obras su visión de América Latina. De la novela corta "Los días siguientes" (1963) a los relatos contenidos en "Vagamundo" (1973) pasan diez años pero se mantiene una misma percepción de las cosas, continuada en "La canción de nosotros" que merecío el premio Casa de las Américas de 1975. En Galeano el contexto político y social no puede eludirse y es el marco central en el que transitan sus historias. "Días y noches de amor y de guerra" (1978) se enmarca en los difíciles días de la dictadura en Argentina y Uruguay.
Con la "Memoria del fuego" hay una recuperación del pasado indigenista. Esta obra narra la odisea de las dos Américas, centrándose en los hechos más cotidianos, componiendo una trilogía febril e incisiva, apoyada en la rigurosidad de las fuentes y en la que se entrecruzan crónicas históricas con pinceladas del presente, siempre en busca de un futuro más justo. De aquella trilogía histórica formaban parte "Los nacimientos" (1982), "Las caras y las máscaras" (1984) y "El siglo del viento" (1986). En los tres libros hay un mismo objetivo y como dice el periodista italiano Gianni Miná, una voz incisiva y militante que trata de impedir que se olvide la tragedia que asola a quienes viven en el más completo subdesarrollo.
"La memoria del fuego" está estructurada en torno a pequeñas vivencias cotidianas que es en donde encuentra Galeano la verdadera grandeza del ser humano. La intrahistoria es el universo en el que caminan las obras del escritor uruguayo, al margen de grandes gestas y de sucesos grandilocuentes, que se apartan del hombre de a pie y del verdadero devenir de los acontecimientos históricos. Son, en palabras de Galeano, historias pequeñas, pero no minimalistas.
Joan Manuel Serrat toma prestado un fragmento de una de estas historias de la "Memoria del fuego" para ilustrar a modo de presentación en sus recitales el tema "Che Pykasumi", que el cantautor interpreta en lengua guaraní.
Un año antes de la publicación de "El siglo del viento" y una vez terminada la dictadura uruguaya regresa a Montevideo. Tres años después firma "El libro de los abrazos", de contenido más sutil y poético. El propio Galeano definiría de este modo la raíz de esta obra: "Creo que un autor al escribir abraza a los demás. Y éste es un libro sobre los vínculos con los demás, los nexos que la memoria ha conservado, vínculos de amor, solidaridad. Historias verdaderas vividas por mí y por mis amigos, y como mi memoria está llena de tantas personas, es al mismo tiempo un libro de "muchos"... Es un equívoco que ha fragmentado los lazos de solidaridad, que ha condenado a este mundo de finales de siglo a tener hambre de abrazos, a padecer de soledad, el peor tipo de soledad: la soledad en compañía. Es el mismo proceso que se manifiesta con la pobreza".
Precisamente en "El libro de los abrazos", uno de los libros más exitosos y logrados de Galeano, está contenido un pequeño relato titulado "La noche". Este relato dividido en cuatro partes sirvió de inspiración a Serrat para su canción "Secreta mujer" que formó parte del álbum "Sombras de la China" (1998):
LA NOCHE / 1 No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta. LA NOCHE / 2 Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme. LA NOCHE / 3 Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo. LA NOCHE / 4 Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.La luna tiene dos noches de edad.Yo, una.
El mismo año de "El libro de los abrazos" aparece "Nosotros decimos no". En 1992 publica "Ser como ellos y otros artículos" y un año después "Las palabras andantes", recopilación de cuentos y reflexiones ilustrados por el artista brasileño José Francisco Borges. El propósito de Galeano en los 90 sigue siendo el mismo que le había impulsado en las otras décadas. Palpar la realidad y luego derramarla en un libro. Como respiro, muestra su pasión por el fútbol y lo reivindica desde la literatura, al modo que también hará Javier Marías, en un libro titulado "El fútbol a sol y sombra".
En 1998 Galeano ofrece en "Patas arriba. La escuela del mundo al revés", otro de esos libros de denuncia que no edulcoran el presente ni rehuyen de sus sombras. Es por tanto Galeano un ejemplo de coherencia en una obra que sirve siempre de guía a la hora de definir un continente como el de América Latina que debe seguir cerrando heridas. La voz de Galeano suena clara en el marasmo de intereses e injusticias cotidianas. Más allá de una obra literariamente sólida, está la figura del cronista que persigue injusticias, que conjura temores, que rescata del abismo personajes e historias postergadas.
La obra de Eduardo Galeano nos convoca a mirar qué pasado hemos levantado y qué futuro estamos dejando para nuestros descendientes. Establece un frente común contra la pobreza, la miseria moral y material, la hipocresía de un mundo que sigue abriendo cada vez más distancias entre los que tienen y los que no tienen. Lo demagógico puede ser un riesgo inevitable en este tipo de propuestas, pero Galeano la salva con un estilo conciso, brillante y, sobre todas las cosas, necesario. En Eduardo Galeano hay un compromiso constante con el ser humano y sobre todo una fidelidad a unas ideas que condenan el neoliberalismo y que siguen apostando por un socialismo real, no de andar por casa, y que de alguna forma recupere el pulso perdido, lejos del presente en el que el hombre es visto como una mercancía y en el que parece que no hay lugar para las utopías.
Eduardo Galeano reside desde 1985, -tras finalizar la dictadura uruguaya-, en su Montevideo natal donde sigue haciendo su literatura y su periodismo de marcado tinte político.
Fragmento de su obra "Amares":
El amor
En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas. -¿Te han cortado? -preguntó el hombre. -No -dijo ella-. Siempre he sido así. El la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo: -No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Echate en la hamaca y descansa. Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él le decía: -No te preocupes. El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca. Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba: -¡Lo encontré! ¡Lo encontré! Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol. -Es así -dijo el hombre, aproximándose a la mujer. Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses.
(De "Memoria del fuego/Los nacimientos")
Pintura española: Muchacha en la ventana (Salvador Dalí).
Esta semana os presento uno de mis obras pictóricas preferidas, "Muchacha en la ventana" de Salvador Dalí. Me enamoró esta obra desde la primera vez que pisé el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. A continuación, aprovecho para incluir una breve biografía de este gran genio español, para que podamos conocerle un poco más.

Biografía de Salvador Dalí.
Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí Domenech, más conocido como Salvador Dalí, nació el 11 de mayo de 1904, a las 8:45 a.m. en el número 20 de la calle Monturiol, en Figueres, España. Hijo de Salvador Dalí y Cusí, notario de la ciudad, natural de Cadaqués y Felipa Domenech Ferres. Realizó sus primeros estudios en su ciudad natal y a la edad de catorce años participó en una exposición colectiva de artistas locales y otra en Barcelona auspiciada por la Universidad y en la que recibió el premio Rector de la Universidad.
En 1921 muere su madre de cáncer. Su padre se casó con su cuñada, la hermana de la difunta y Salvador va a estudiar a Madrid, donde en 1922 ingresa en la Residencia de Estudiantes. Allí conocerá a otros grandes artistas de su época, como Luis Buñuel y Federico García Lorca, con los que trabará una gran amistad mientras estudia en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Entre los años 1924-1925 realiza numerosos retratos de su hermana Anna María y en general explora los estilos al uso en la época en diversas fases que son conocidas como 'freudiana' y 'lorquiana', para acabar siendo influido primero por el cubismo y más tarde por el surrealismo.
En 1926 realiza su primer viaje a París donde visita a Picasso. Colabora con Luis Buñuel en la realización de la película "Un perro andaluz", estrenada en París en 1929. Ese mismo año visitan a Dalí en Cadaqués una serie de personajes del surrealismo, entre ellos el poeta Paul Éluard y su mujer Gala, a la que seducirá el joven pintor para convertirla en su musa y compañera el resto de su vida. Se convierte en un punto de referencia del movimiento surrealista.
Dalí utilizaba más la fijación de imágenes tomadas de los sueños, según Breton, "...abusando de ellas y poniendo en peligro la credibilidad del Surrealismo..."; inventó lo que él mismo llamó "método paranoico-crítico", una mezcla entre la técnica de observación de Da Vinci por medio de la cual observando una pared se podía ver como surgían formas y técnicas de frottage; fruto de esta técnica son las obras en las que se ven dos imágenes en un sola configuración. En 1936, Breton expulsó a Dalí por sus tendencias fascistas y a Paul Éluard.
En 1940, debido a la Guerra Mundial, Dalí se va a vivir con Gala a los Estados Unidos, donde permanecerá hasta 1948, una de las épocas mas fructíferas de su vida. En 1974 inaugura el Teatro-Museo Dalí en su Figueras natal. Después de la muerte de Gala en 1982, la salud de Dalí decae muchísimo y se traslada a vivir desde Cadaqués a su casa en Pubol.
El rey Juan Carlos I le concedió el título de Marqués de Pubol. Un incendio en su habitación en 1984 hace que se traslade a unas habitaciones en Torre Galatea, edificio anexo al Teatro-Museo, donde permanecerá prácticamente recluido hasta su muerte el 23 de enero de 1989. La mayor parte de su obra fue heredada por el Estado Español.
Sobre la obra en cuestión:
El título original que tiene esta gran obra es el de "Paisajes, reflexiones en el vidrio y una persona", pero es más conocida popularmente como "Muchacha en la ventana". Fue creada en 1925, sus dimensiones son de 105 x 74,5, y la técnica pictórica es la de óleo sobre cartón piedra.
La luz en la parte posterior de la muchacha (Ana María, su hermana) resalta una de las formas preferidas por Dalí.
El paisaje visto por la ventana es la bahía de Cadaqués, donde Dalí solía pasar temporadas durante el verano. García Lorca conservó particulares recuerdos de la vista desde esa ventana al despertarse, describió su estancia en Cadaqués, como maravillosa, como un hermoso sueño. Salvador y Ana María estaban muy unidos, particularmente a raíz de la muerte de su madre. Ana María fue su única modelo hasta que Gala la sustituyese en 1929.
Frases Famosas de Salvador Dalí:
"El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos." "El tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan." "Es fácil reconocer si el hombre tiene gusto: la alfombra debe combinar con las cejas." "La mayor desgracia de la juventud actual es ya no pertenecer a ella." "La única diferencia entre un loco y yo es que yo sé que estoy loco." "La vida es aspirar, respirar y expirar." "Muchas personas no cumplen los ochenta porque intentan durante demasiado tiempo quedarse en los cuarenta."
Poesia española: Angel González
Esta semana, os muestro la vida y obra de uno de mis poetas preferidos en habla hispana, no es otro que Angel Gonzalez. Angel González es poeta y profesor de literatura, pertenece al grupo conocido como -Generación de los 50- o del medio siglo. Dueño de una poesía humanamente comprometida, teñida de fina ironía y humor. Nació en Oviedo y su infancia estuvo marcada por la sombra de la guerra civil y por la muerte prematura de su padre cuando él apenas contaba dos años. Precisamente será en la biblioteca que su padre dejara -como un tesoro familiar- donde hace sus primeras lecturas, aunque es en un pueblo de la montaña leonesa, donde, convaleciente de una profunda afección pulmonar, siente la llamada de la poesía y escribe sus primeros versos. La experiencia de la guerra aparecerá en su primer libro, Aspero mundo (1956) y con el que obtendría un accésit del Premio Adonais. En él se ordenan una serie de vivencias originadas por el trauma de la guerra civil española reflejadas en la contraposición de dos mundos irreconciliables: el de la infancia, sensación casi nube y la cruel realidad, de duros y agrios perfiles.
A partir de entonces, su posición ante el mundo se torna más clara y militante. Al escribir en 1961 Sin esperanza, con convencimiento, incluye ya un análisis social de las causas de la derrota y pasa a ser clasificado claramente en el grupo de los poetas sociales. Angel González abandona más adelante esta actitud para dedicarse a una poesía en la que testimonia su propia experiencia de la realidad y donde hay una preocupación por la palabra en sí misma, por la expresión justa, precisa, casi imprescindible. El paso del tiempo, la temática amorosa y cívica, son tres obsesiones que se repiten a lo largo y ancho de sus poemas. Su tercer libro, Grado elemental (1962), fue galardonado en Colliure con el Premio -Antonio Machado-, poeta al que Angel González admira profundamente. Palabra sobre palabra (1965), Tratado de urbanismo (1967), Breves acotaciones para una biografía (1971), Procedimientos narrativos (1972), Muestra de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan (1976) y Prosemas o menos (1984) son otros de sus libros. Su obra completa, en la que incluye poemas inéditos, ha sido publicada en tres ocasiones, la última de ellas en 1986, y siempre con el título de Palabra sobre palabra. Es asimismo autor de diversos estudios poéticos sobre Juan Ramón Jiménez (1973), el Grupo poético de 1927 (1976), Gabriel Celaya (1977) y Antonio Machado (1979). Angel González es maestro nacional, licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo y periodista por la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. Trabajó también en el Ministerio de Obras Públicas, de donde es funcionario en excedencia. Actualmente enseña Literatura Española Contemporánea en la Universidad de Alburquerque (Estados Unidos), habiendo sido profesor visitante en las de Nuevo México, Utah, Maryland y Texas.
A continuación os muestro algo de su obra más selecta: Muerte en el olvido
Yo sé que existo porque tú me imaginas. Soy alto porque tu me crees alto, y limpio porque tú me miras con buenos ojos, con mirada limpia. Tu pensamiento me hace inteligente, y en tu sencilla ternura, yo soy también sencillo y bondadoso. Pero si tú me olvidas quedaré muerto sin que nadie lo sepa. Verán viva mi carne, pero será otro hombre -oscuro, torpe, malo- el que la habita...
Cumpleaños de amor
¿Cómo seré yo cuando no sea yo? Cuando el tiempo haya modificado mi estructura, y mi cuerpo sea otro, otra mi sangre, otros mis ojos y otros mis cabellos. Pensaré en ti, tal vez. Seguramente, mis sucesivos cuerpos -prolongándome, vivo, hacia la muerte- se pasarán de mano en mano, de corazón a corazón, de carne a carne, el elemento misterioso que determina mi tristeza cuando te vas, que me impulsa a buscarte ciegamente, que me lleva a tu lado sin remedio: lo que la gente llama amor, en suma. Y los ojos -qué importa que no sean estos ojos- te seguirán a donde vayas, fieles. Cumpleaños
Yo lo noto: cómo me voy volviendo menos cierto, confuso, disolviéndome en aire cotidiano, burdo jirón de mí, deshilachado y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido un año más, y eso es muy duro. ¡Mover el corazón todos los días casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario morirse muchas veces mucho.
Esto no es nada
Si tuviésemos la fuerza suficiente para apretar como es debido un trozo de madera sólo nos quedaría entre las manos un poco de tierra. Y si tuviésemos más fuerza todavía para presionar con toda la dureza esa tierra, sólo nos quedaría entre las manos un poco de agua. Y si fuese posible aún oprimir el agua, ya no nos quedaría entre las manos nada.
Pinchad aquí para bajar un archivo del propio Angel Gonzalez recitando sus poemas
Espero os guste, comentad algo, criticad, dad la señal de que todavía hay alguien que cree en la cultura.
Inauguracion del este espacio
Inauguro este espacio con el hombre que da significado a mi nick, Stendhal.Stendhal, fue un novelista francés. Huérfano de madre desde 1789, se crió entre su padre y su tía. Rechazó las virtudes monárquicas y religiosas que le inculcaron y expresó pronto la voluntad de huir de su ciudad natal. Abiertamente republicano, acogió con entusiasmo la ejecución del rey y celebró incluso el breve arresto de su padre. A partir de 1796 fue alumno de la Escuela central de Grenoble y en 1799 logró el primer premio de matemáticas. Viajó a París para ingresar en la Escuela Politécnica, pero enfermó y no se pudo presentar a la prueba de acceso. Gracias a Pierre Daru, un pariente lejano que se convertiría en su protector, entró a trabajar en el ministerio de Guerra. Enviado por el ejército como ayudante del general Michaud, en 1800 descubrió Italia, país que tomó como su patria de elección. Desengañado por la vida militar, abandonó el ejército en 1801. Entre los salones y teatros parisienses, siempre enamorado de una mujer diferente, empezó (sin éxito) a cultivar ambiciones literarias. En precaria situación económica, Daru le consiguió un nuevo puesto como intendente militar en Brunswick, destino en que permaneció entre 1806 y 1808. Admirador incondicional de Napoleón, ejerció diversos cargos oficiales y participó en las campañas imperiales. En 1814, a la caída del corso, se exilió en Italia, fijó su residencia en Milán y efectuó varios viajes por la península italiana. Publicó sus primeros libros de crítica de arte bajo el seudónimo de L. A. C. Bombet, y en 1817 apareció Roma, Nápoles y Florencia, un ensayo más original, donde mezcla la crítica con recuerdos personales, en el que utilizó por primera vez el seudónimo de Stendhal. El gobierno austriaco le acusó de apoyar el movimiento independentista italiano, por lo que abandonó Milán en 1821, pasó por Londres y se instaló de nuevo en París, cuando terminó la persecución de los partidarios de Napoleón. Dandy afamado, frecuentaba los salones de manera asidua, mientras sobrevivía con los ingresos que le procuraban sus colaboraciones en algunas revistas literarias inglesas. En 1822 publicó Sobre el amor, ensayo basado en buena parte en sus propias experiencias y en el que expresaba ideas bastante avanzadas; destaca su teoría de la «cristalización», proceso por el que el espíritu, adaptando la realidad a sus deseos, cubre de perfecciones el objeto del deseo. Asentó su renombre de escritor gracias a la Vida de Rossini y las dos partes de su Racine y Shakespeare, auténtico manifiesto del romanticismo. Después de una relación sentimental con la actriz Clémentine Curial, que duró hasta 1826, emprendió nuevos viajes al Reino Unido e Italia y redactó su primera novela, Armancia. En 1828, sin dinero ni éxito literario, solicitó un puesto en la Biblioteca Real, que no le fue concedido; hundido en una pésima situación económica, la muerte del conde Daru, al año siguiente, le afectó particularmente. Superó este período difícil gracias a los cargos de cónsul que obtuvo primero en Trieste y más tarde en Civitavecchia, mientras se entregaba sin reservas a la literatura. En 1830 apareció su primera obra maestra: Rojo y negro, una crónica analítica de la sociedad francesa en la Restauración, en la que Stendhal representó las ambiciones de su época y las contradicciones de la emergente sociedad de clases, destacando sobre todo el análisis psicológico de los personajes y el estilo directo y objetivo de la narración. En 1839 publicó La cartuja de Parma, mucho más novelesca que Rojo y negro, que escribió en tan sólo dos meses y que por su espontaneidad constituye una confesión poética extraordinariamente sincera, aunque sólo recibió el elogio de Balzac. Ambas son novelas de aprendizaje, y participan de rasgos románticos y realistas; en ellas aparece un nuevo tipo de héroe, típicamente moderno, caracterizado por su aislamiento de la sociedad y su enfrentamiento con sus convenciones e ideales, en el que muy posiblemente se refleja en parte la personalidad del propio Stendhal. Falleció de un ataque de apoplejía, sin concluir su última obra, Lamiel, que fue publicada mucho después de su óbito. (Grenoble, Francia, 1783-París, 1842).
Frases célebres de Stendhal: El hombre que no ama a una mujer, ignora la mitad más bella de su vida. Ir sin amor por la vida es como ir al combate sin música, como emprender un viaje sin un libro, como ir por el mar sin estrella que nos oriente. El amor es como la fiebre: nace y se extingue sin que la voluntad tome en ello la menor parte. Llamamos bello a aquello que es elogiado por el periódico y que produce mucho dinero. Un hijo es un acreedor dado por la naturaleza. Para pasar por hombre amable basta con narrar bien y con no hablar nunca de sí mismo. Si los hombres no fuéramos vanos, las mujeres nos lo harían ser. Los versos fueron inventados para ayudar a la memoria. Conservarlos en el arte dramático es rendir tributo a la barbarie. Objetivo de este espacio: Es simple, luchar por una cultura que cada día se nos muere un poco más
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